Hay que aportar a nuestro organismo de forma constante AG polinsaturados, de forma que puedan ser convertidos en las prostaglandinas necesarias.
Sin las cantidades adecuadas de EPA y GLA se reducirá la producción de las prostaglandinas del tipo 1 y 3 (prostaglandinas antiinflamatorias). Sin un balance correcto entre los ácidos grasos omega-3 y omega-6 aumentará la producción de las prostaglandinas del grupo 2 (PGE2) (prostaglandinas proinflamatorias). En ambas situaciones, una reducción en las prostaglandinas antiinflamatorias y un aumento en las proinflamatorias conducen a la aparición de problemas relacionados con enfermedades inflamatorias.
De este modo, un incremento en el consumo de ácidos grasos omega-3 aumentaría la producción de las prostaglandinas antiinflamatorias (PGE1 y PGE3).
Diversos estudios científicos determinan que algunas enfermedades inflamatorias crónicas, como la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa, la artritis reumatoide, la osteoartritis y el asma, pueden ser tratadas con ácidos grasos omega-3 para reducir su sintomatología.
Igualmente, las conclusiones de diversos estudios reflejan cómo el consumo de ácidos grasos omega-3 desempeña un papel fundamental en la función pulmonar, ya que protege al pulmón de la aparición de enfermedades inflamatorias y mejora la función pulmonar con la edad.

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